Darse cuenta de la inatención
Atención es ese escuchar y ver, y esa atención no tiene límites, resistencia, por tanto, es ilimitada. Estar atento implica esa inmensa energía, no es quedarse clavado en un punto. En esa atención no hay un movimiento repetitivo, no es mecánico. No se trata de cómo mantener esa atención; si uno aprende el arte de ver y escuchar, esa atención puede focalizarse en una página, en una palabra. Ahí no hay resistencia, que es la actividad de la concentración. La inatención no puede mejorarse para que sea atención. Darse cuenta de la inatención termina con la inatención, no se trata de que la inatención se convierta en atención. Terminar no tiene continuidad. El pasado modificándose a sí mismo es el futuro, una continuidad de lo que ha sido, y encontramos seguridad en la continuidad, no en el terminar. Así que la atención no tiene esa cualidad de continuidad. Cualquier cosa que tenga continuidad es mecánica. El llegar a ser es mecánico e implica tiempo. La atención no tiene esa cualidad del tiempo. Todo esto es un asunto muy complicado. Uno debe investigarlo en profundidad y con sumo cuidado.
Aprender es vivir, cartas a las escuelas